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Archive for 16/05/2010

Cualquiera que tenga un amigo, conocido o familiar que haya pisado el País del Sol Naciente, o bien cualquiera  que haya posado sus pies sobre Japón, sabrá de sobra que se trata de un lugar donde muchas cosas son peculiares, donde se hacen “diferente”, donde se vive y se piensa “a la japonesa”, lo cual es una forma de decir que, sencillamente, son distintos a nosotros.

Pues incluso para tratar sobre inmigración, este fenómeno tan extendido en toda la mitad más económicamente desarrollada del planeta, los japoneses tienen su propia manera de hacer las cosas.

Empezaremos a hablar del tema con un ejemplo: Los coreanos Zainichi(在日韓国人/朝鮮人). Así es como se denomina a los coreanos que residen en Japón, en  la gran mayoría de casos nacidos tanto ellos como sus progenitores en el País del Sol Naciente, pero que sin embargo ostentan la nacionalidad coreana por voluntad propia, con todos los inconvenientes y trabas que esto puede conllevar. Podríamos ponernos a hablar del por qué de su decisión, de los motivos que les han llevado a preferir tener la nacionalidad de sus abuelos o bisabuelos a la del país que les vio nacer, pero seguramente motivos de tradición, endoculturación e historia les llevan a ello. Muchos hablan de un resentimiento por la invasión japonesa en Corea, cuya herida todavía escuece para los originarios de la antigua Koryo. No vamos a entrar en este campo, sino más bien… ¿Qué supone ser Zainichi en Japón y cómo se ha llegado a esta situación en el país nipón?

Si un Zainichi no posee la nacionalidad japonesa, en muchos casos se puede encontrar con serias dificultades en los campos burocráticos, legales o laborales (en este último, se topan sobre todo con problemas para escalar en el mundo laboral, especialmente en los cargos públicos). Esto les lleva a ser considerados irremediablemente como “ciudadanos de segunda” por los japoneses.

Posiblemente a los españoles, familiarizados con palabras como “políticas de inmigración”, “adaptación” y “ayuda a la inserción laboral de los inmigrantes”, oír hablar de que en Japón poseer una tarjeta de identificación de extranjero en lugar del documento nacional de identidad japonés puede suponer un grave problema les sonará raro. Aquí en España, si se posee un permiso de residencia, poca diferencia se tiene en cuanto a derechos con un ciudadano nativo español. Sin embargo, en Japón sí. Por poseer un permiso permanente de residencia, un inmigrante no puede considerarse ciudadano japonés, pues el país tiene una política discriminatoria en todos los campos tanto sociales como legales hacia los ciudadanos  sin nacionalidad japonesa. Otro dato curioso es que la doble nacionalidad, túnel de escape para muchos inmigrantes en la actualidad para lograr los mismos derechos tanto en su país de origen como en su país de residencia, es una opción inviable en el Sol Naciente. Si se quiere poseer la nacionalidad japonesa, además de ser ésta muy difícil de obtener por parte de los no nacidos en Japón, se deberá primero renunciar a la nacionalidad original que se posea. Esto supone un trámite inaceptable para muchos inmigrantes, que se niegan a renunciar a su nacionalidad, al igual que los Zainichi. Posiblemente un ciudadano de raíces coreanas aceptaría una doble nacionalidad, pero frente al dilema, uno prefiere elegir como legítimo hogar aquel al que pertenece toda su familia. También podríamos plantearnos por qué los Zainichi, en una inmensa mayoría de los casos, sólo se casan con otros Zainichi, en lugar de “mezclarse” con la población autóctona. Costaría ver cuándo termina el hermetismo de unos y empieza el de otros, y de quién sería de verdad la “culpa” de este aislamiento, si es que no lo es de ambas partes.

En muchas ocasiones Japón ha sido criticado por los países más económicamente desarrollados del planeta, así como por los países con más emigración hacia el país nipón (Méjico, Brasil, Países del sudeste asiático…) por su intransigencia para con los inmigrantes y por sus anticuadas, discriminatorias y ya casi rancias políticas de inmigración. Éste hecho, al margen de que sea o no socialmente aceptable, podría llegar a ser comprensible si Japón hallase en la inmigración un verdadero problema social, pero curiosamente se trata de todo lo contrario: Japón, con su población envejecida y sin posibilidad de hallar un relevo generacional en un futuro no muy lejano, encontraría su bote salvavidas en la inmigración, como tantos otros países han hecho con anterioridad, España incluida. Entonces, ¿qué está sucediendo en Japón?

Pancarta con el mensaje “Zainichi norcoreanos, largáos“, surgida de la polémica situación de estos inmigrantes en Japón actualmente, que reivindican sobre derechos humanos mientras que los japoneses afirman que “deberían fijarse primero en su país antes que criticar la situación de los Zainichi en Japón”.
Fuente: http://nidasoku.blog106.fc2.com/blog-entry-863.html

Resulta interesante plantearse el por qué de esta actitud. ¿Existe un miedo generalizado a perder la homogeneidad, la esencia, aquello que hace a los japoneses japoneses de verdad? ¿Es ya sencillamente esta actitud, este rechazo generalizado hacia lo foráneo, un sentimiento arraigado al pensamiento japonés como parte de su cultura? Lo más curioso de todo será esperar y ver si con el tiempo la necesidad les obliga a cambiar de actitud o si, por lo contrario, en pocas décadas se ven engullidos por su propio hermetismo.

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