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Archive for 8/05/2010

Mucho se ha hablado sobre la intolerancia a la lactosa (azúcar disacárido de la leche en una proporción del 4 al 5%) durante los últimos años, sobre todo por el auge de la producción y el consumo de productos lácteos en países donde tradicionalmente no los han incluido en su dieta. Éste es el caso, sin duda, de China.

«Mi sueño es ofrecerle a cada chino, y en especial a los niños, suficiente leche cada día» (Wen Jiabao, 2007).

«El consumo per cápita de productos lácteos (medido como litros de leche equivalente) en China, entre los años 1990 y 2005, aumentó de 5 a 18 litros en el sector urbano, y de 1 a 3 litros en el sector rural» (Alejandro Galetto, 2008).

China entra por primera vez en 1994 en el ranking de los 20 países con mayor producción total de leche con una producción cerca de los 5,6 mil millones de litros. En el 2007, su producción aproximada de 35,5 mil millones de litros, lo cual la sitúa como tercer productor mundial con un cambio proporcional del 637,7%, cifra muy superior con respecto a su perseguidor inmediato, India, con un 166,4% en el mismo periodo 1994-2007 (FAOSTATS).

Con todo, la reflexión que aquí se pretende llevar a cabo no tiene que ver con aspectos económicos o de salud, sino culturales, y en especial, las consecuencias del contacto entre culturas.

En primera instancia, observamos cómo la globalización en todos sus ámbitos hace que los procesos de aculturación ya no sólo se produzcan en el territorio de destino (grupo minoritario), sino también en el de origen (grupo mayoritario). Asimismo, no deja de ser novedoso que esta pérdida de identidad no se deba a una imposición estricta del grupo ajeno, ni siquiera a una negociación entre ambas partes: más bien se debe a una progresiva imposición desde dentro mediante un cambio, o más exacto, una incorporación de lo que es global a lo que es local. Y ello sólo se puede producir, según Ulf Hannerz, si lo local se reduce a algo familiar y comprensible, es decir, justo lo que está haciendo el Partido Comunista Chino. Así, aunque por lo normal los flujos de aculturación son bidireccionales, en este caso parece ser que el cambio es voluntario, en origen, artificialmente unidireccional por razones únicamente económicas. No obstante, este caso de aculturación todavía no se está produciendo ni mucho menos en masa; así queda manifiesto, por ejemplo, si analizamos los múltiples problemas que ha tenido la empresa Nutrexpa y su Cola-Cao en China.

En segunda instancia, y tratándose de China, no podemos olvidar su diáspora, y el Estado español, en este caso, es paradigmático. La paradoja que aquí se observa es notable pero a su vez lógica: si bien los chinos en el país de origen quedan embadurnados por las políticas consumistas locales de productos lácteos, los que viven en ultramar quedan totalmente exentos de tal fomento, puesto que los productos en cuestión se producen en China. El emigrante chino del siglo XXI en Occidente no tiene como objetivo inicial quedarse en el país de destino permanentemente —si alguna vez lo tuvo—, sino todo lo contrario: la práctica más habitual es la de generar ahorros y realizar el viaje de retorno en cuanto se crea conveniente, y si permanecen por un tiempo prolongado es simplemente por una racional y calculada estrategia económica. Así pues, se trata de un grupo migratorio de paso, temporal, con un grado de impermeabilidad a la cultura exterior considerable; por lo tanto, la aculturación, y en concreto el consumo de leche, es mínima o inexistente.

También el Estado español es paradigmático en otro ámbito que, si bien ya no podríamos hablar legítimamente de diáspora, no deja de tratarse de personas de origen chino en Occidente. Según el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales España fue en 2005 el segundo país del mundo con mayor número de adopciones (2.753) de niños/as de origen chino, sólo por detrás de Estados Unidos (7.906). Además, dentro del marco nacional, la adopción en China se ha situado en la cabeza desde el año 2001. ¿Qué relación tiene este hecho con los procesos de aculturación/asimilación? Toda; quizá por ello se obvie y nunca se le preste atención. A la hora de adoptar se tienen en cuenta infinitos requisitos ―muchos de ellos inoperantes—, sin embargo, el hecho de pasar de considerar al otro a lo familiar, o mejor dicho, a la familia, hace que releguemos aspectos tan imprescindibles como la alimentación. Según expertos nutricionistas, es totalmente contraproducente el consumo de leche fresca en la mayoría de poblaciones a escale mundial, excepto en zonas como el norte de Europa y algunas regiones de África y Asia Central. De esta manera, las adopciones de origen chino entran dentro de los grupos humanos intolerantes a la lactosa, a saber, que no poseen la enzima lactasa que posibilita su metabolización. En particular, tienen un 95% de intolerancia (Kretchmer, 1972). Su consumo, pues, podría originar inflamación y diarrea, de acuerdo con el doctor Mark Thomas (University College London). Aunque verosímil, con esta información no denunciamos este problema en general ni sus posibles consecuencias en particular. Simplemente destacamos el hecho que se produzca una asimilación directa, impuesta e inconsciente debido indefectiblemente a un problema cognitivo.


Foto extraída de http://www.life.com

Cartel publicitario en China en el que aparece Liu Xiang (刘翔), conocidísimo atleta chino, promocionando la marca de leche Yili (伊利). El mensaje está claro, y la tirada que tiene un chino que batió el récord mundial en los 110 m vallas (12,88”, 2006), también. Algunos vídeos promocionales de este atleta para la misma marca son 1, 2, 3, y 4.

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